Colegio Palermo Chico. Maryland Jardín de Infantes

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Secundaria. Acto de finalización del ciclo lectivo 2011: Palabras de la Directora de Estudios y del Bachillerato Internacional

Graciela López López, Directora de Estudios de Secundaria y del Bachillerato Internacional, dirigió estas palabras a toda la comunidad reunida en el acto de finalización del ciclo lectivo 2011.

 

Este fin de semana largo, cuando me disponía a pensar una reflexión para compartir con ustedes, desde la cocina oí esto: «Barcelona perdió el invicto frente al Getafe».

No se inquieten. No voy a hablar de fútbol. Sería para mí una osadía tan grande como tratar de hablar en sánscrito. Sin embargo, siendo una mujer que comparte la Sala de Profesores, donde los lunes no se habla de otra cosa más que de fútbol, y en cuya casa, pasadas las 6 de la tarde, la cadena nacional se llama ESPN, no puedo menos que participar de cierta fascinación que ha despertado el Barça en los aficionados al fútbol.

Me dispuse, entonces, a leer y a escuchar a aquellos que sí dicen saber de fútbol porque quería tratar de entender qué es lo que hace de este equipo lo que se puede llamar un «éxito».

Cuando inicio mi petite investigación online, lo primero que veo son artículos cuyos títulos dicen, por ejemplo: «El FCB, patrimonio mundial del fútbol», «El Barça, el mejor equipo de todos los tiempos», etcétera. Esta primera aproximación no me interesaba, pues era más de lo mismo que ya había escuchado.

Sigo buscando y, en un punto, leo lo siguiente: «Pep es la evolución de un proceso que empezó hace casi 40 años. En 1974, el Sr. Laureano Ruiz fue nombrado coordinador general de fútbol base y en 1979 se reinaugura La Masía, la escuela de jugadores». Cuando veo la palabra «escuela» (como podrán imaginarse), me detengo. Con la maravillosa posibilidad que me presenta Internet, ingreso al sitio oficial de La Masía y leo los comentarios de algunos de sus directivos. Uno de ellos dice: «Aspiramos en la escuela a una convivencia entre personas autónomas, que no sean islas ni desaparezcan en la colectividad. Esta pretensión nos fuerza a buscar un buen ajuste entre los intereses personales. Hemos de inventar modos de vinculación para poder potenciar nuestras interacciones». De lo leído, a mí me resuenan las palabras: 40 años, escuela, ajuste de intereses personales, vinculación, convivencia.

Un tanto perpleja, hago varias veces clic en la flecha que me lleva a las páginas anteriores y confirmo que de todos los titulares que había leído ninguno decía algo como: «Con casi 40 años de trabajo comunitario, el Barça se alza con la Copa del Rey». Pienso que, si me hubiera quedado en la lectura de los titulares, parecería que la Copa del Rey es producto de algún tipo de generación espontánea; que previo a los años de éxito, no existieron frustraciones, sacrificios, fracasos, renuncias a los intereses individuales y, especialmente, años y años de trabajo. Los titulares y las declaraciones de los directivos parecían hablar de dos fenómenos distintos.

 Sigo pensando y entiendo que la discrepancia de la que hablo tiene que ver con que, irónicamente, lo que dicen creer las autoridades del Barcelona son principios contra-culturales porque el mundo occidental de hoy lamentablemente nos propone lo opuesto. Digo «irónicamente», porque lo que se considera un «éxito» a nivel global parece desoír lo que «globalmente» tiende a imponerse.

Tomemos, por ejemplo, el concepto de largo plazo, los casi 40 años de los que hablamos. En nuestro mundo turboconsumista, el largo plazo sufre de un gran desprestigio. Estamos permanentemente arrasados por el frenesí de las novedades que en su rapidez no se dejan ni digerir.

Si pensamos en el ideal comunitario, el mundo occidental (al que quiero y del que soy hija), que defendió siempre la libertad, terminó equiparándola con el individualismo, con una tiranía del egoísmo que postergó los vínculos entre los seres humanos al punto de estar en riesgo de convertirnos en lo que Bauman llama «soledades masificadas» (es decir, todos haciendo lo mismo, pero solos). En eso no consiste un equipo.

 El Colegio cree en la idea de que cada ser humano es una persona cuyo valor irrepetible radica en su singularidad, pero también cree que es errónea la idea de que la búsqueda de la felicidad sea una actividad autorreferencial que uno puede lograr solo. La escuela como institución es uno de los ámbitos por excelencia donde se aprende a vivir juntos y, como decía el dirigente del Barcelona, a ajustar los intereses personales. Para aprender a convivir, es necesario compartir y esto se hace cada vez más difícil.

En los últimos años, se amplió el catálogo de dispositivos que ya no son de uso familiar sino estrictamente «personal»: celulares, notebooks, ipods, tablets. Podemos entretenernos por horas sin estar en contacto con nadie. Es necesario un esfuerzo extra para forzar el uso compartido de los espacios y los tiempos. Para tener un equipo como el Barcelona, hizo falta convivir, compartir, conocerse, pelearse, reconciliarse, ceder, trabajar juntos. Pero eso no figura en los titulares.

Para terminar, hace unos días, leí un hermoso cuento de Julian Barnes llamado Marriage Lines. En el cuento, el protagonista, cuya mujer acaba de morir, decide regresar a una isla en Escocia donde había pasado con ella muchas vacaciones. Esta decisión la toma porque necesita volver a hacer todo lo que hacía con ella, pero solo. La había amado tanto y por tantos años que necesita volver a acostumbrarse a usar el pronombre en singular. Debe aprender de nuevo a iniciar sus oraciones con la palabra «YO». Él tiene la esperanza de que re-viviendo solo las experiencias que había vivido con su mujer, el relato de los hechos en primera persona del singular le va a resultar más fácil.

Sospecho que como sociedad podríamos imitar a este hombre, pero en el sentido inverso. Hemos amado tanto al «YO» y por tantos años que tal vez haya que re-aprender la gramática. Siento que necesitamos hacer mucho de lo que hacemos solos con otros, hacer más cosas en común, retomar nuestras actividades en familia, con amigos, con compañeros de trabajo, compañeros de colegio y, de ese modo, cuando tengamos que relatarlas, estaremos obligados a iniciar las oraciones con el pronombre en plural, cambiando así el sobrevaluado «YO» por el «NOSOTROS».

En eso sí consiste un equipo.

 

 

Graduación Bachilleres 2011: Palabras del Rector

Durante la Ceremonia de Graduación 2011, Fernando Britos, Rector de Secundaria, dirigió estas palabras a los nuevos Bachilleres.

 

Este acto nos convoca y nos reúne hoy para cerrar un ciclo en la vida de quienes, a partir de ahora, son los nuevos Bachilleres Promoción 2011 del Colegio Palermo Chico.

 He convivido y compartido con ustedes muchas cosas; por eso son una parte importante de mi historia personal y es desde este sentimiento que me atrevo a hablarles; no desde mi cargo ni mucho menos desde mis pretendidos saberes, sino solo desde el afecto.

Hoy es un día diferente que nos saca de la rutina, de lo cotidiano, que nos recuerda que está pasando algo nuevo, algo importante. Este acto marca un momento que tiene cierto sabor a sagrado, que hace presente la expectativa por lo que viene, pero deja un gusto amargo porque perdemos algo que ya no podremos volver a vivir. Una frontera entre lo que fue y lo que será.

Si ya no son estudiantes del Colegio donde todo les era conocido, donde sabían a quién evitar y a quién acercarse, sabían cómo administrar las cosas para lograr sus fines, sabían qué querían de ustedes sus profesores y sus padres; si ya no son esos estudiantes que navegaban en aguas que conocían de memoria, pero tampoco son estudiantes universitarios ni trabajadores; es decir, si ya no son lo que eran, pero aún no son lo que viene, están en un tiempo muy particular, un tiempo de incertidumbre.

En una sociedad donde todo está pautado, donde si no tenés asignado un rol determinado, «no sos nada», la incertidumbre genera angustia, incluso culpa. Vivimos en una cultura, en una sociedad, que crea permanentemente simulacros de certezas para evitar esa angustia, por eso somos tan intolerantes con los que preguntan de más, con los que cuestionan las cosas, con los que ponen en riesgo las certezas sobre las que fundamos nuestros actos.

Sin embargo, hay otra forma de ver las cosas. Los filósofos griegos tenían una palabra positiva para denominar estos tiempos de ruptura, de cambio, de incertidumbre; lo llamaban Kairós, que quiere decir ‘tiempo oportuno’, un tiempo lleno de oportunidades, un tiempo no rutinario, donde todo puede ser distinto porque nos liberamos de un rol asignado, un tiempo donde podemos volver a elegir qué hombres y mujeres queremos ser, un tiempo de profunda libertad.

Ustedes y yo sabemos que este mundo no está bien; no me refiero al desplome de los mercados internacionales y sus bolsas financieras, me refiero a cosas más serias que esas; me refiero a que cada vez más gente prefiere las cosas a las personas; cada día hay más personas que creen ser más que otras porque tienen un título o una abultada cuenta en el banco, que se creen con derecho a maltratar a otros porque pagan. Vemos a los demás como enemigos potenciales, andamos por el mundo sin decir lo que pensamos para evitarnos problemas hasta que ya no pensamos más, creemos que lo que le pasa a otras personas es un eco lejano que no tiene que ver con nosotros, vamos buscando culpables de nuestros fracasos y solo nos hacemos cargo de nuestros éxitos, confundimos ser negativos con ser críticos, ser desconfiados con ser inteligentes, ser exitosos con ser felices.

Hoy se inicia el Kairós, el tiempo oportuno, un tiempo en el que ustedes, desde la incertidumbre sobre el futuro, pueden ser libres de elegirlo nuevamente, libres para construirse como hombres y mujeres buenos, libres para mirar el futuro como un desafío de compromiso con otros hombres y mujeres libres, para volver a tener la oportunidad de hacer de este mundo y de nuestra patria un lugar más humano en el que valga la pena vivir.

 

Nivel Inicial. Acto de finalización del ciclo lectivo 2011: Palabras de la Directora

 

Mariana Fernández Ramallo, Directora de Maryland Jardín de Infantes, dirigió estas palabras de despedida y agradecimiento a las familias de Preescolar durante el acto de finalización del ciclo lectivo 2011.

 

Hoy es un día de muchas emociones para todos, pues los chicos de Preescolar terminan esta maravillosa etapa que es el Jardín de Infantes, y lo hacen con un show que han preparado con muchísimo entusiasmo.

Para este momento tan especial, me gustaría regalarles una «carta de agradecimiento», como dice la psicología positiva; por eso, les escribí estas líneas:

 

Queridos padres y queridos chicos:

A veces, es muy difícil poner en palabras los sentimientos, pero estoy convencida de que es muy importante expresar, de alguna manera, aquello que uno siente.

Hoy tengo una extraña y rara mezcla de sentimientos: por un lado, estoy plena de alegría y satisfacción por este grupo que hoy egresa y empieza una nueva etapa escolar. Por otro, me embarga cierta tristeza y nostalgia por ver y darme cuenta de que a partir del año que viene estarán en 1er grado.

Pero hay un sentimiento que me «colma» y me «calma», y es el de agradecimiento.

Hoy quiero agradecer.

Primero, a ustedes, padres, por todos estos años a lo largo de los cuales compartimos la educación de sus hijos.

A algunos, los seguiré viendo el próximo año; otros se despiden hoy, con sus hijos, después de muchos años juntos.

A todos, ¡gracias por sus ideas, sus dudas, sus críticas, sus sonrisas y sus palabras de aliento! Con todo ello, también nosotros hemos crecido e intentado mejorar nuestra tarea.

Y quiero agradecer, especialmente, a los chicos, eje y motor de nuestro hacer diario.

Como dice Robert Fulghum: «Todo lo que hay que saber lo aprendí en el Jardín de Infantes».

Tomo sus palabras para decirles que mucho de lo que sé y hago lo aprendí con ustedes, mis alumnos.

Así, aprendí a reírme de las cosas simples; a disfrutar de un encuentro y de una charla con un amigo; a guardar las cosas en su lugar; a hacer silencio como la lechuza; a disfrutar de los cuentos, reales o imaginarios; y, fundamentalmente, a entender que «es mejor salir y estar en el mundo tomados de la mano».

Por cada día compartido, por cada sonrisa que me regalaron: ¡GRACIAS!

Les deseo lo mejor para la próxima etapa.

¡Hasta siempre!

 

 

 

 
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